domingo, 16 de enero de 2011

Lo soñé

Luego de dos horas y media el tren vira hacia la izquierda. Al margen derecho del río veo construcciones de tres a cinco pisos. Fue un paisaje nada predecible. Sin embargo, sentí inmediatamente que anteriormente ya había estado aquí. Soñé hace varios años que frente a mis ojos aparecía un río profundo, encarnado en un verde valle, flanqueado por pintorescas construcciones de varios pisos. Cuando desperté me dije: esto no puede ser un sueño, hubo mucha nitidez en la imagen de mi soñar.

Extrañamente, hoy, al ingresar al pueblo de Aguas Calientes, con asombro, me  percaté que tiene la imagen del sueño que tuve tiempo atrás. Es extraño, pues es la primera vez que visito el Cuzco y ya había estado aquí. Mi amigo Fernando, me dijo: "Tal vez, mientras dormías, tu alma se desdobló, y viajó hasta acá mucho antes que tu cuerpo viniera".


El viaje en tren

El tren avanza a buen ritmo. Se detiene en algunos puntos para darle paso a los trenes que vuelven de Aguas Calientes. El paisaje muestra paulatinamente el cambio que se da entre la sierra y la ceja de selva. Se va pasando de la flor morada de los andes a diversas especies de árboles que dejan caer largas lianas desde su altura. El río se vuelve paulatinamente más caudaloso y poderoso, tiene el color marrón, similar a un milo con leche.  En el camino puedo apreciar diversas ruinas incas. Algunas sirvieron de almacenes, otras son un trabajo de andenería colosal utilizado hasta el día de hoy.


Ollaytantambo


Ollaytantambo es un poblado mediano. Tiene callecitas estrechas y empedradas, tanto en el suelo como a los lados. Sus muros se remontan al incanato. Se aprecian muchos hoteles. Algunos de gran calidad. Nos refieren que uno de ellos pertenece a la ex voleybolista Gabriela Pérez del Solar. Nos aprestamos a abordar el tren. Un enorme choclo con queso nos está tentando.


En el extremo de la ciudad se encuentra la estación de ferrocarriles de la empresa Perú Rail. Es en este momento cuando uno se da cuenta de la ventaja de ser peruano en el Cuzco. Los extranjeros sólo pueden acceder a los vagones turísticos, tales como el panorámico o Hiram Bingham. El costo del viaje ida y vuelta puede sobrepasar los trescientos dólares. El boleto en el tren local me costó sólo diez soles. Un vagón cómodo e impecable. No me puedo quejar del servicio recibido. El tren partió a la hora exacta. El tiempo aproximado del viaje es de dos horas y media. El río Urubamba es nuestro compañero durante todo el recorrido.

Escoge: Cuy o Pizza


Luego de otra hora de viaje, llegamos a Ollaytantambo. Una linda plaza de color crema y balcones coloniales la adornan. Muchos negocios y restaurantes ofrecen sus productos y servicios. La mayoría lo hace en inglés. Me llama la atención la oferta de pizza. Presumo que muchos turistas sólo desean consumir productos a los que están acostumbrados y no se deciden por un sabroso cuy o un caldo de cabeza de carnero. Otros, más aventureros, sí lo hacen.

El Valle Sagrado de los Incas

El taxi pasó a las siete de la mañana por nuestro hotel. Nos esperan cien kilómetros de recorrido. El objetivo inicial Ollantaytambo. Lentamente nos vamos alejando de la ciudad del Cuzco. Poco a poco empiezan a visualizarse paisajes bellísimos. Es época de lluvias y el verdor del campo cuzqueño es peculiar. Veo a la flor morada de los andes. Nos detenemos en un grifo a recargar combustible. Amablemente nos invitan un excelente café cusqueño. El Cafetal sabe a hiel junto a este magnifico café.

Luego de una hora de recorrido, pasamos por Urubamba, poblado tradicional, rodeado de una linda campiña. El marrón de la tierra deja entrever su fertilidad. Plantaciones de papa, olluco, quinua y maíz, adornan el damero verde amarillo. Luego de algunos minutos más, logramos divisar montañas coronadas por nevadas cimas. Detenemos el auto para tomar las mejores fotografías. Aunque para ser franco, hasta el peor fotógrafo tomaría magníficas fotos en este lugar.

sábado, 15 de enero de 2011

Saqsaywaman y mi amigo Escorpión

Es en época posterior cuando toma el nombre de Saqsaywaman, cuya traducción al español es “Halcón Saciado”.  El bloque mayor de la estructura lítica pesa ciento veintiocho toneladas. Se utilizó piedra caliza cuyo origen geológico es tan antiguo que contiene fósiles de conchas marinas. Se ha determinado que el Cusco estuvo bajo el agua y el choque de las placas continentales fueron elevando la cordillera. Posteriormente en la época de la desglaciación, el Cusco fue un lago, de allí la riqueza de su tierra y su fecundidad. No fue casualidad que el imperio incaico se asentará allí.

Un guía local se nos acerca y nos cuenta hermosas historias. Sin él, en definitiva, la visita no habría sido la misma. Parte de esta estructura fue destruida y la piedra fue utilizada por los españoles para construir la Catedral del Cusco. Nos contó que el nombre de Saqsaywaman o “Halcón Saciado”, provino de la resistencia inca, la cual, durante nueve meses, enfrentó a los españoles y culturas aliadas a ellos. Fue tal la magnitud de las bajas incaicas que el campo se convirtió en fuente de alimento para las aves de rapiña, de allí su nombre: Halcón Saciado. En definitiva, la nueva historia del Perú se tiene que reconstruir.

Terminada la visita, se nos ofrece un tour a caballo con una duración de tres horas por sólo veinte soles. La ruta suena interesante, primero Q enqo, luego Puka Pukara y Tambomachay. Nos pareció una interesante propuesta. Dos cuadrúpedos alazanes de ocho años fueron nuestros amigos y encargados de transportarnos, sus nombres: Cori y Escorpión.


Siempre le tuve respeto a los caballos. En primer lugar, patean muy fuerte, son excesivamente veloces y, adicionalmente, cuando uno se sube en ellos, ve todo desde arriba. Hace años atrás monté una yegua, la escogí porque era chata, gorda y tenía mirada de “buena gente”. Escorpión, no era chato ni gordo, pero tenía mirada noble, propia de un equino. A paso lento y obediente, Escorpión, empezó a subir por un angosto camino, la lluvia del día anterior lo hacia fangoso, parecía que a él no le incomodaba. El paisaje fuera de lo común. Un turista holandés montaba un caballo y lo saludé, hablaba algo de español, le pregunté por la belleza de los países bajos, casi sin pensarlo me dijo: esto es incomparable. La verdad que sí. Mañana será otro día…Así hablo el viajero…

Saqsaywaman

A la distancia puedo divisar Saqsaywaman, es en definitiva algo único en el mundo. Un enorme rompecabezas, conforma, lo que algún día, se pensó, era una fortaleza incaica. La verdad es que se trató de un templo religioso dedicado al rayo. Su forma zigzagueante es similar a la representación de un poderoso rayo. La mitología incaica adoró al Sol, a la Luna,  a los Apus, pero también adoró al rayo, tal como lo hicieron los nórdicos cuando representaron a Thor.